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24 jun 2010

Del miedo a la confianza


La confianza será un elemento clave en la construcción de la empresa del futuro, e irá adquiriendo progresivamente un papel decisivo en las nuevas relaciones de trabajo. La empresa tradicional regula el trabajo a través del mecanismo del “mando y control”. El jefe ordena lo que hay que hacer y cómo hacerlo y luego controla su cumplimiento. El “mando y control” funciona porque se apoya, en último término, en la fuerza del miedo…
La confianza, sostenemos, es un gran disolvente del miedo. Un disolvente del temor a las infinitas cosas que podrían suceder. Con confianza yo abro mis brazos a otros, delego lo que tengo que hacer, coloco mi persona y mis posibilidades en otras manos. Desde la confianza apuesto a que nada malo pasará. La confianza siempre implica una apuesta, pues nada me garantiza la seguridad. Nada elimina las contingencias. Lo que puede hacerse es sumar elementos para apostar en un sentido o en otro.
La apuesta que hacemos no es trivial. Podemos apostar a la confianza o a la desconfianza y obtendremos distintos resultados. A veces positivos, otras veces negativos. Sin duda es importante aprender a apostar mejor, a calcular mejor los riesgos… Es importante aprender la prudencia, aquella competencia que nos ayuda a discernir cuándo corresponde confiar y cuándo es preferible desconfiar.
No saber discernir puede llevarnos a la ingenuidad o a la desconfianza permanente. Con ambas perdemos. La ingenuidad nos expone a amenazas que podríamos haber evitado. La desconfianza permanente nos cierra posibilidades, restringe nuestras relaciones. La manera como apostemos, el que confiemos o no confiemos, nos permitirá establecer distintos tipos de relaciones con las personas, con el mundo, con el futuro, con nosotros mismos. Todo ello inevitablemente incidirá en los resultados que obtengamos. No es siempre válido decir: “He acertado al desconfiar de esa persona. Mira lo que hizo”. Quizás no lo habría hecho si hubiéramos confiado en ella.
Luhmann nos indica que la confianza tiene el efecto de reducir tanto la incertidumbre como la complejidad. Al actuar con confianza reducimos el margen de todas las cosas que podrían pasar y hacemos más manejable el futuro. De la misma manera, el mundo se nos hace menos complejo, menos difícil, más simple. Todo ello permite establecer una relación básica entre la confianza y la acción humana.
… La confianza se transforma en un requisito fundamental para actuar. El miedo y la desconfianza  muchas veces inhiben, congelan, paralizan, inmovilizan. La confianza nos lanza hacia delante, nos pone en movimiento. Ello no implica desconocer el hecho de que la desconfianza también nos suele conducir a emprender determinadas acciones. Pero se trata de acciones diferentes. Hay dos modalidades de acción. Está la acción que coloca el énfasis en la conservación y la que lo coloca en la transformación.
¿Qué eliges tú como estrategia personal y laboral...el miedo o la confianza?

22 jun 2010

Estudio en Chile sobre el impacto del estilo paternalista de gestión


Estudio: estilo paternalista de gestión impacta en compromiso de empleados

Fuente: Diario Financiero, Chile

Un estilo de gestión paternalista, en el cual el jefe adopta un rol cercano y familiar con sus empleados, no es un sistema que actualmente se adopte en los países anglosajones, nórdicos o germánicos.

Pero estudios realizados en naciones en vía de desarrollo, como China, India, Turquía y México, han demostrado que este estilo de dirección tiene efectos positivos en la satisfacción y compromiso en las relaciones de trabajo y supervisión.

Algo similar ocurre en Chile. Así lo demostró el profesor de la Universidad de Los Andes, Leonardo Liberman, quien, junto a un grupo de académicos, realizó un estudio con trabajadores y ejecutivos de Santiago, comprendiendo una muestra de 459 personas. La investigación buscó determinar el impacto que tiene dicho estilo de jefatura.



Resultados

La investigación arrojó que 63% de los trabajadores consultados señaló tener jefes paternalistas y sólo un 36% mostró que sus superiores nunca o casi nunca mostraban este tipo de comportamiento. Del grupo que sostuvo tener jefes más cercanos, un 92% señaló estar satisfecho a muy satisfecho con su trabajo y 84% se sentía relativamente comprometido a muy comprometido con su organización.

Respecto de los resultados entre quienes tienen jefes paternalistas, el 95% se sentía satisfechos con aquellos superiores que, además, delegan cierto poder en las decisiones y el 84% dijo estar comprometidos con la organización.

Las conclusiones del estudio muestran que el estilo paternalista se asocia con la satisfacción laboral y compromiso del empleado, lo que es potenciado cuando existe un grado de delegación de autoridad. Este estilo "paternalista delegador", muestra la investigación, sería característica del medio local y tendría su origen en normas y valores culturales e institucionales.

De acuerdo al estudio, un jefe paternalista se caracteriza, entre otras cosas, por estar interesado en aspectos de la vida de sus trabajadores, aconsejarlos, crear un ambiente familiar en el lugar de trabajo, tomar decisiones y esperar que sus empleados sean dedicados y leales, a cambio de la atención y la preocupación que les demuestra.

6 jun 2010

Ponga un entrenador (Coach) en su empresa

REPORTAJE: Carreras & Capital humano

Ponga un entrenador en su empresa

El objetivo del 'coaching' es conseguir que los ejecutivos sean la mejor versión de sí mismos

BORJA VILASECA 25/05/2008


Cuanto más poder, mayor es la responsabilidad. En el ámbito de la empresa, por ejemplo, las personas que llegan a lo más alto suelen verse obligadas a convivir con la incertidumbre, la ansiedad y el estrés. Y si estos factores intangibles no se gestionan adecuadamente, pueden terminar contaminando el estilo de liderazgo y afectar a la gestión empresarial y a la cuenta final de resultados.
No en vano, "cuando no sabemos cómo preservar la calma frente a la adversidad, solemos padecer mucho malestar, que a su vez nos hunde en un círculo vicioso", señala la coach Maite Barón, directora de Building Visionary Organizations. "Está demostrado que cuanto más sufrimos, más caemos en el egoísmo y el egocentrismo, lo que nos lleva a reaccionar negativamente cada vez que sucede algo que no se adapta a nuestros deseos y expectativas", añade Barón, especializada en desarrollo directivo, con clientes como Reuters, BT, Carat, Warner Bross y L'Oréal.
En su opinión, "detrás de este modo tan nocivo de vivir se encuentran la ignorancia y la inconsciencia, los dos mayores enemigos de aquellos directivos que pretendan gestionar un proyecto verdaderamente productivo y sostenible". De ahí que cada vez más ejecutivos españoles estén cambiando de mentalidad. Muchos de ellos "empiezan a darse cuenta de que su bienestar y equilibrio internos son la base de un liderazgo eficiente e inspirador", concluye.
Y prueba de ello es que desde principios del siglo XXI ha comenzado a profesionalizarse el coaching, una disciplina que promueve el autoconocimiento y el desarrollo personal de altos directivos, de manera que puedan afrontar con serenidad y más objetividad las adversidades y desafíos inherentes a su cargo.
Lo curioso es que la figura del coach o entrenador personal apareció en la década de los ochenta del pasado siglo para asesorar y desarrollar jugadores de tenis más maduros emocionalmente. El experto norteamericano en entrenamiento deportivo Timothy Gallwell descubrió que la calidad técnica de los tenistas de élite era básicamente la misma y que, en última instancia, el éxito dependía de "la calidad psíquica o mental", que este especialista denominó "juego interno".
Esta teoría enseguida fue extrapolada al ámbito de la empresa por sir John Whitmore, pionero en la práctica del coaching ejecutivo, que ayuda a los directivos a que "se conozcan y comprendan mejor a sí mismos, siendo dueños de su mente y de sus pensamientos", lo que puede generar "un profundo cambio en la manera de verse a sí mismos, así como de concebir la gestión de otras personas", explica el coach Manuel Seijo, presidente de la Asociación Española de Coaching y Consultoría de Procesos (Aecop).
Eso sí, si bien el coaching y la psicología comparten su afán por escuchar a las personas para descubrir las causas de los efectos que pretenden modificar, la diferencia radica en que mientras el psicólogo se centra más en el problema, el coach pone su mirada en la oportunidad de crecimiento. Y no sólo eso. "El buen coach no da respuestas ni toma decisiones, sino que actúa a modo de espejo para que sea el propio ejecutivo quien descubra la solución por sí mismo", sostiene Seijo.
Así, no sería descabellado afirmar que el filósofo griego Sócrates, con su método mayéutico, fue uno de los primeros coachs que ha pasado a la posteridad. Su filosofía era simple; su impacto, muy profundo. Se dedicaba a hacer las preguntas pertinentes en el momento oportuno, permitiendo que su interlocutor descubriera la solución que estaba buscando.
Según la Aecop, España cuenta con cerca de 150 coachs o entrenadores personales para ejecutivos, pero la mitad de ellos no están oficialmente acreditados. Sea como fuere, se trata de una cifra "muy escasa", sobre todo si se compara con países como Estados Unidos (que cuenta con unos 40.000 profesionales) o Gran Bretaña (unos 8.000), donde hace años que esta figura está plenamente integrada en las empresas más competitivas, según datos de esta asociación.
Aunque las principales escuelas de negocios y diversas universidades españolas tienen programas formativos en materia de coaching e inteligencia emocional -en estos momentos hay más de 450 alumnos estudiando para ejercer esta disciplina-, la demanda es muy superior a la oferta. La Aecop revela que el 40% de los directivos de las empresas que forman parte del Ibex 35 ya cuenta con los servicios de un coach. Y todo apunta a que las solicitudes van a ir a más.
Entre los entrenadores personales más reconocidos en este país destaca Juan Carlos Cubeiro, director de la consultora Eurotalent y coach de 30 "pupilos", nombre que reciben los ejecutivos que deciden contratar este tipo de asesoramiento. "Después de establecer una estrecha relación de confianza, nuestra función consiste en promover ciertos cambios en la conciencia del directivo, de manera que pueda abandonar el liderazgo centrado en el yo para trabajar en pos del liderazgo basado en el nosotros", apunta Cubeiro.
Como consecuencia de esta relación personal y profesional, que es totalmente confidencial, "los directivos suelen gestionar mucho mejor sus emociones, lo que les lleva a tomar conciencia de la importancia de alinear la cultura organizacional de su empresa con el bienestar de sus empleados", reconoce Cubeiro. "Nosotros les mostramos cómo desarrollar nuevas habilidades para conseguir nuevos resultados, pero el trabajo de verdad sólo lo pueden hacer ellos", añade.
Para lograr que esta evolución llegue a buen puerto, coach y pupilo suelen reunirse tres horas cada tres semanas. Entre sesión y sesión, intentan mantener el contacto a través del móvil y el correo electrónico. Por un proceso de seis meses, los entrenadores españoles de primer nivel cobran unos 6.000 euros. Y lo cierto es que los directivos suelen ser fieles: tan sólo el 5% abandona el proceso, según datos de la Aecop.
Entre los directivos conocidos que reciben este tipo de servicio se encuentran Rosa García, presidenta de Microsoft Iberia; César González, consejero delegado de ING Direct, y Laura González-Molero, presidenta de Merck, que en España tiene una plantilla compuesta por 1.000 personas. En opinión de González-Molero, "debido a la enorme carga de trabajo y las numerosas presiones y tensiones del día a día, no solemos dedicar suficiente tiempo a reflexionar detenidamente para tomar las mejores decisiones". Así, "gracias al coaching estoy creciendo y evolucionando como persona, sobre todo porque estoy aprendiendo a ver las cosas desde otra perspectiva", reconoce.
"Ya no pierdo tiempo ni energía en quejarme por lo que ha sucedido ni en temer lo que todavía no ha pasado", explica. "Me he dado cuenta de que siendo dueña de mis pensamientos puedo centrarme más en el momento presente, que es donde realmente puedo actuar y generar un verdadero valor añadido", asevera.
Y esta afirmación está avalada por la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid, que el año pasado la galardonó como ejecutivo del año. Eso sí, González-Molero recomienda a los directivos que no se aventuren "a iniciar el viaje que propone el coaching a no ser que realmente tengan ganas de transformarse a sí mismos para ser personas más maduras y, en consecuencia, profesionales más competentes".

Primero trabajar con nosotros mismos

Cada día hay más profesionales que se aventuran a ejercer de coach para directivos, pero no todos son aptos para desempeñar esta función. Más que nada porque "requiere alcanzar un grado de maestría sobre la condición humana, conociendo y comprendiendo la manera de llevar una vida equilibrada y plena", sostiene la coach Maite Barón, directora de Building Visionary Organizations.
Es decir, que "antes de trabajar sobre los demás, primero hemos de haber trabajado sobre nosotros mismos". En su opinión, "si no nos transformamos a nosotros mismos, aprehendiendo la sabiduría que nos libera del sufrimiento y nos aporta paz interior, nuestro espejo no estará lo suficientemente limpio para que los otros vean las causas de su malestar reflejadas nítidamente".
Así, no basta con adquirir conocimiento; para enseñar es necesario encarnar lo que se sabe. "Si no hay coherencia entre la teoría y la práctica es que todavía no comprendemos la información que conocemos". Por tanto, "lo que hemos logrado con nosotros mismos, es decir, lo que se manifiesta en nuestras propias vidas, es lo único que podemos ofrecer a los demás", apunta Barón.
Entonces, ¿cómo se sabe si una persona es apta para ejercer esta profesión? "Observando los resultados que obtiene en su día a día en el ámbito personal y profesional", responde esta experta. Y para ello "hay que ser muy sincero con uno mismo. Si no estará engañando a sus clientes".
En este sentido, Maite Barón señala que se debe verificar si el aspirante a coach "se siente feliz y en paz con su vida, lo que le permite dejar de reaccionar impulsivamente, manteniendo siempre la serenidad". No en vano, "si verdaderamente goza de este equilibrio interno, mantendrá en todo momento la humildad necesaria para servir a los directivos con los que trabaja".

Fuente: Diario El País, España

En mi experiencia Personal como Coach, coincido con lo último que comenta Maite Barón, la importancia del auto-conocimiento y el poder transformador, y es ello lo que más destaco, más allá incluso de mis conocimientos formales y mis títulos....ya que si no me conozco ni me he auto-transformado, ¿cómo podré conocer y ayudar a transformar a otros?. Un buen Coach por tanto, es capaz de combinar ambas fuentes de conocimiento..
CARMEN GLORIA SEGOVIA